Hombrecillos verdes
Una visita en clave de humor a las imágenes clásicas de la ciencia ficción.
jueves, noviembre 17, 2005
A todo riesgo.

Princeton, Nueva Jersey, 22 de Febrero de 1940.

Estimados señores de la "Catchmoney & Run Insurance Ltd".

He recibido con mucho desagrado su notificación de que se me va a aumentar la cuota de seguro a todo riesgo que tengo subscrita con ustedes amparándose en riesgos asociados a mi trabajo.

Ya en el pasado, su compañía se negó a pagarme una indemnización por mis propiedades confiscadas en Europa, pese a que la póliza cubría expresamente ese tipo de acciones administrativas, amparándose en que, aunque fueron hechas en 1937, el régimen nazi de Alemania estaba ya por aquel entonces en un estado de guerra de facto con otras potencias, como la República Española, por lo que los daños realizados por dicho gobierno, incluso dentro de su territorio nacional, debían ser considerados acciones de guerra, causa de daños expresamente excluída de mi seguro.

A las alegaciones de mis representantes de que ningún precedente legal permite considerar acción de guerra las acciones administrativas de un gobierno contra sus propios ciudadanos, me contestaron ustedes que el Reich Alemán ha sostenido repetidamente la existencia de una Conspiración Judía Mundial, organizada a todos los efectos como un gobierno supranacional, por lo que sus actos sí pueden considerarse como acciones bélicas para combatir un enemigo exterior. Particular desagrado me produjeron las afirmaciones de uno de sus abogados en el sentido de que me correspondería a mío demostrar que el texto llamado "Protocolos de los sabios de Sión" cuya veracidad apoyaría la existencia de dicha conspiración, son falsos.

Tras este molesto desacuerdo, me llegan ustedes con una subida de cuota basándose en mi condición de físico teórico, ante las recientes evidencias de que las radiaciones pueden provocar enfermedades, como los recientes casos de envenenamiento por radio. Muy poco caso han hecho a mi precisión de que no soy físico experimental, sino que mi trabajo se desarrolla exclusivamente con papel y lápiz, o como mucho
tiza.

¡Hasta han tenido la desfachatez de cancelar mi póliza de responsabilidad civil alegando las posibles aplicaciones destructivas de mi trabajo teórico! Según ustedes, en una interpretación jurídicamente torticera de la popularizada ecuación E=mc2 presente en mis teorías, se podría desarrollar un arma que efectuara una conversión de masa en energía de forma *directa*, y no por los procedimientos químicos que han sido, hasta ahora, la única formula explosiva de que ha dispuesto la humanidad.

La destrucción causada por esa nueva arma, dicen ustedes, podría repercutir en mi responsabilidad civil y exigibilidad de indemnizaciones en mi patrimonio, al estar basada en mis teorías. Poco importa que para el (puede que imposible) desarrollo de un arma tal debería completarse una casi inimaginable labor teórica y de ingeniería que haría que tal invención tuviera miles de padres, y que de todas maneras no podría iniciarse un proyecto así sin una ingente financiación cuyas proporciones rivalizarían o superarían a las de los mayores proyectos públicos, como la Presa Hoover o el Canal de Panamá, financiación que sólo podría costear uno de los más
ricos gobiernos de la Tierra, perspectiva actualmente muy dudosa.

¡Pero vuelven ustedes a depositar en mí la carga de la prueba! ¿Cómo quieren ustedes que yo les demuestre que el desarrollo de un arma así (que, por otra parte, de desarrollarse, podría ser demasiado grande para ser lanzada desde un avión, lo que la haría poco útil) es imposible? La única forma de demostrar eso sería conseguir que,
efectivamente, se iniciara su construcción, se enterraran en ella miles de millones de dólares y ésta, finalmente, fracasara. ¿Qué gobierno iniciaría una empresa tan insegura si no se le presentaran unas seguridades, unos alicientes, unos motivos poderosos? ¿Qué científico o político arriesgaría su reputación en un terreno tan
resbaladizo?

Estoy justamente indignado con su proceder. Soy un naturalizado americano ilustre, que ha recibido numerosos premios y reconocimientos. He sido recibido en la Casa Blanca por el propio presidente Roosevelt, a quien, además de reservarme otras acciones, pienso escribir, apenas acabe esta carta dirigida a ustedes, para hablarle de este asunto. Esto no es lo último que sabrán de mí, y les aseguro que, aunque no sé
todavía en qué términos pienso dirigirme al Presidente, voy a tener muy presente la evidente mala fe con la que me han tratado, y que, sea como sea, pienso salirme con la mía.

Sin cordiales saludos.

Albert Einstein.

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escrito por Ignacio Egea @ 1:28 p. m.  
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