Hombrecillos verdes
Una visita en clave de humor a las imágenes clásicas de la ciencia ficción.
sábado, septiembre 17, 2005
La Parte de los Sacrificios.
Como los hombres mortales, los espíritus se dividen en ángeles y demonios. Otra característica en común con la Humanidad es que la mayor parte de ellos no son ni uno ni otro todo el tiempo; tienen susetapas y sus momentos.

Magdonnag fue primero uno de los Nephilim, los hijos del cielo que se fijaron en las hijas de los hombres y habitaron con ellas; se complació en darle a sus hijos y cuñados técnica y civilización. Ocurrió unos cinco mil años antes de la fecha que Usher expurgó del Génesis; en universidades europeas suele llamarse a esa época "Neolítico".

Ésta fue su etapa Prometeica. Tardó mucho en perder todo interés por el placer carnal, pero durante generaciones se complacía en merodear como una brisa por los fuegos de los campamentos para comprobar que sus descendientes y ahijados no le habían olvidado y dejaban en su ofrenda una parte de su banquete, los tuétanos y el sebo mejor de los sacrificios.

Siguió en ello muchos siglos, y en su nueva etapa como Dominación, su aliento inspiraba nuevas ideas a sus protegidos: los escribas egipcios derramaban una porción de su tinta sobre el suelo en honor a Imhotep; hasta en su última hora, nos cuenta Platón que Sócrates quiso hacer un libamen como agasajo al demonio que lo inspiraba.

En su posterior etapa de Maestro siguió un tiempo guiando a sus elegidos. Durmió más de mil años encerrado en una roca como Merlín, y hasta en sueños de vez en cuando le llegaba un suave rumor de sacrificios y de atenciones que se le dedicaban, y aunque fueran más por costumbre que por memoria, eso bastaba para contentarlo.

Y despertó hace unas décadas, notando que le llegaba una nueva Era, y que tal vez no fuera amistosa con las criaturas mortales. ¿Sería un íncubo, tal vez una Potestad, o uno de los kallizanzaroi que sierran y socavan las raíces que sustentan la Existencia? Siempre había un periodo de decisión en cada cambio, y un paseo le ayudaría a decidirse, y tal vez un poco de charla con alguno de los mortales.

Los fundamentos del teléfono dormían ocultos entre las semillas de conocimiento que regaló aquella primera vez, y no le sorprendió notar los vientos del éter llenos de chispas y vibraciones de conversaciones. Se ahorró investirse de carne y recurrió a las ondas para preguntar por cómo marchaba ahora el mundo; poco tardó en comprobar que nadie le recordaba, que nadie derramaba una parte de tinta en el suelo, que nadie le reservaba los mejores cortes de la pieza, y que hasta el dejar un platillo de leche en el alféizar era un atavismo en franco retroceso o una forma de alimentar accidentalmente a los gatos callejeros. Ello le entristeció, y le hizo decidirse sobre sus próximos pasos.

Buscó a un mortal prometedor. Como en los viejos tiempos, le ofreció su ayuda para triunfar sin exigirle nada a cambio y le aportó nuevas ideas y procedimientos que arraigaron como semillas de una planta poderosa que se extendió por el mundo. Después, se sintió viejo y complaciente. Pasaría sus próximos siglos como un Baal Mammón, que yace contento e inactivo en el submundo y se conforma con un aporte
continuo y masivo de sacrificios, de porciones selectas de millones de banquetes que la gente abandona, aunque sea sin saberlo, en un homenaje análogo al de Sócrates y al de los escribas de los faraones.

Las reglas que imponen el sacrificio son firmes, y forman parte fundamental de los procedimientos de la franquicia, protegidas por un millón de cláusulas legales que las hacen irrevocables y de obligada aceptación. Así que cuando pida un menú en McDonalds's y con él le entreguen, sin preguntarle antes, una docena de sobres de ketchup más de los necesarios, no proteste: los empleados no pueden hacer nada al respecto. Después, al dejar que su bandeja se vacíe en la basura con casi todos ellos intactos, podrá consolarse de este derroche global y continuo con lo que está leyendo en el presente folleto, sabiendo que participa de la última versión de un rito ancestral, que así contribuye a mantener contento a esa fuerza espiritual que tanto ha hecho por que los hombres disfrutemos de nuestro actual modo de vida, tan moderno y confortable.

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escrito por Ignacio Egea @ 12:59 a. m.  
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