Hombrecillos verdes
Una visita en clave de humor a las imágenes clásicas de la ciencia ficción.
lunes, marzo 27, 2006
Sexo en Gotham City.
Ésta es la principal metrópoli del mundo, un lugar que atrae a millonarios, artistas, modelos y diseñadores de sandalias. Con más motivo, mis amigas y yo nos preguntamos...

¿Por qué es tan difícil entre los millones de hombres de Nueva York encontrar uno que nos venga bien?

Mi amiga Samantha no se hace esa pregunta. Entra a la discoteca de moda como a una zapatería y se prueba todos los modelos. Y luego no se queda con ninguno, como suele pasar.
"Mira, Carrie, un hombre vale la pena mientras la tenga dura como una piedra; y eso sólo les dura un rato"; me dice. Ojalá las otras lo tuviéramos tan claro, y no acabáramos con hombres tan extraños que las amigas se preguntan...

¿Qué ve en él que las otras no vemos?

Mi amiga Miranda, por ejemplo. Es una abogada de éxito, socia de su bufete, dura, competente, e independiente. ¿Cómo es posible que haya acabado con ese chico? Un muchacho menudo, un pelagatos con un sueldecillo, que vive en un apartamentucho y se saca un sobresueldo haciendo fotos para un periódico. Que sí, que parece muy buen chico, muy amable, muy atento, dulce y un poco tímido; pero que a la hora de la verdad, están tomando un café y hay un atraco, o aparece un tipo raro verde volando sobre un artefacto, y desaparece. Que en cualquier momento están paseando y le entra como un estremecimiento, y sale corriendo. Que cuando más la necesita, se larga con cualquier pretexto, que suele ser que a su tía May le ha dado un infarto, excusa que ensaya una semana sí y otra también. ¿Qué ve en él que las otras no vemos?

Que se le pondrá dura como una piedra de vez en cuando, diría Samantha. Y ella no cree que por esos minutos valga la pena soportar a un hombre el resto del tiempo. Y a veces la entiendo. Mi relación con Mr. B., por ejemplo. A simple vista parece ideal; él, un play boy de éxito, alto, moreno, guapo, millonario, que vive en un fabuloso ático con su mayordomo y un muchachito al que dice que está educando.

Huy, poco a poco eso no va sonando ya tan idílico.


Yo lo racionalizo dicéndome que Mr. B. tuvo una infancia difícil, con sus padres asesinados por aquel atracador, que tal vez con ese chico busca mantener la infancia que no tuvo. Pero Stanford, mi amigo calvo mariquita, que en esta ciudad una chica, para ser independiente y triunfadora, tiene que tener un amigo gay que, a ser posible, vaya a juego con tus zapatos, dice que al chico lo ha visto él disfrazado de fantoche y paseando por la noche neoyorquina, así que no sé que pensar, ni por qué lo aguanto, ni por qué dejo pasar que no me abra cuando sé que está en casa y tantas veces, mientras llamo a su puerta, lo haya visto salir a toda velocidad en un cochazo negro con alerones.

No sé qué veo en él que las otras no ven.

Sí, Samantha, sí. La tiene dura de vez en cuando. Como todos. Pero mi relación dista mucho de ser ideal.

¿Y quién tiene una pareja perfecta?

Mi amiga Charlotte, por ejemplo. Su ilusión siempre fue casarse y ahí la tienes, esposa de un hombre famoso y riquísimo, dueña y señora de uno de los rascacielos más fashion de la Gran Manzana. Su marido es famoso mundialmente, y un hombre muy apuesto, con esas sienes plateadas tan sexy. Un Míster Fantástico: Inventor, científico, propietario de cientos de patentes, ex héroe de la carrera del Espacio, aparentemente con tanta clase y tan cariñoso. Pero algo ha cambiado desde que su nave espacial se estrelló, aunque quedara ileso. Charlotte no me dice qué pasa, pero sé que él no la hace feliz, que apenas la hace caso, siempre encerrado en su laboratorio buscando una cura para su amigo que quedó desfigurado en el accidente. De todas formas, con Charlotte tengo poco contacto últimamente.

Como todas las amigas casadas, parece haberse hecho invisible. ¿Por qué ha dejado que ocurra esto?

Samantha a todo le encuentra explicación con lo de la dureza. Así que será por eso. Pero los actos de Samantha que antes se explicaban con esa regla tan simple últimamente no tienen lógica.

¡Ella, que ha ido con todos los hombres que le ha apetecido, de repente se echa pareja estable!

¡Y nada menos que con el amigo desfigurado del marido de Charlotte!

Un hombre que será bueno y amable, pero que resulta difícil de afrontar, con ese aspecto sólido y achaparrado, con esa cara que parece una mascarilla de barro reseca.

¡Y Samantha lleva meses con él, y piensan casarse!.

Me gustaría saber que hay en él que no se aprecia a simple vista, para que ella haya pasado con los hombres, del "de vez en cuando" al "para siempre"...

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escrito por Ignacio Egea @ 10:39 p. m.  
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