Hombrecillos verdes
Una visita en clave de humor a las imágenes clásicas de la ciencia ficción.
viernes, julio 14, 2006
En el océano infinito.
Nos llegó de más allá del espacio conocido; su placa dorada llena de símbolos mostraba la pátina de un lento desgaste causado por los micrometeoritos durante eones. Toda ella nos hablaba de su largo viaje, de su antigüedad inmensa. Una botella arrojada al océano cósmico en el principio del espacio y del tiempo con un mensaje que, por una inmensa fortuna, había llegado a nosotros.

-Dado lo que ya sabemos de la evolución de la vida y de la separación entre galaxias, las posibilidades de que un tesoro como éste vuelva a llegar a nuestras manos antes del fin del Universo son virtualmente nulas. Hemos tenido mucha suerte.

-Con eso y con todo. Los principios que rigen estos símbolos son obra de una inteligencia extraordinaria, pero al mismo tiempo sientan las bases de un método de traducción universal increíblemente sencillo, tanto que en unas horas sabremos qué dicen estos símbolos. Como muchos descubrimientos maravillosos, ahora que lo conozco ¡resulta tan obvio, tan elegante! ¿Cómo a ningún ser humano se le ocurrió antes?

- Si sólo la codificación nos abre la puerta a una nueva rama de las matemáticas ¿Qué más conocimientos maravillosos encerrará este texto una vez traducido?

(ping!)

-¡Lo vamos a saber ahora mismo! ¡El ordenador ha terminado el proceso!

inicio del mensaje-------

HOLA

fin del mensaje----------

No había nada más. La construcción de la sonda era eficiente, pero no revolucionaria; ningún aporte de conocimiento. Nos quedaba aquel revolucionario algoritmo de descifrado, no era poco. Pero aquel día yo lloré, y no lloré solo.

Lloramos todos de desilusión, como niños. Niños que nos sentamos a jugar en la arena cuando todo el océano del universo se extiende ante nosotros y que vimos llegar, flotando una botella y la descorchamos esperanzados, creyendo que sería el mapa de un tesoro, las sabias memorias de un náufrago o la partitura de la canción sublime que cantan las sirenas en su reino escondido.


Cuando la abrimos, descubrimos que había sido escrita y lanzada al mar por otro niño. Porque sólo los niños juegan a esas gilipolleces.

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escrito por Ignacio Egea @ 8:27 p. m.  
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