Hombrecillos verdes
Una visita en clave de humor a las imágenes clásicas de la ciencia ficción.
viernes, mayo 12, 2006
Sir Plata y los caballeros de la Tabla.

Nadie se pone de acuerdo sobre el número de miembros de nuestra Orden. Se dice que fuimos cuatro o cinco en la antigüedad más remota, pero puede ser un dato falso, o legendario. Mucho hay de leyenda en una Orden tan excepcional como la nuestra, pues las especiales condiciones para que un candidato sea admitido en la Tabla no todos las reúnen, y muchas veces las cumple el elemento más inesperado, hasta el punto de que por muchos años no todos admitían que nos acogiéramos a unas reglas definidas, y se lamentaban de una supuesta arbitrariedad que era tan sólo desconocimiento por su parte.

Sí circulaban una reglas aproximadas, como la de que los dones y virtudes de cada caballero se repetían cada ocho miembros, pero con frecuencia estas leyes presentaban tantas excepciones que la pauta se hacía más enrevesada, y no más simple, y la confusión amenazaba el mismo crédito de nuestra existencia, hasta que hace unos cien años llegó un gran sabio del Este, que reformó nuestra Orden y nos dió las reglas que, con pocas alteraciones, han regido nuestro número hasta hoy, y desde entonces nuestra Tabla prospera y no ha cesado de crecer.

Si hace unos cien años nos reuníamos a la Tabla unos sesenta, ahora ya somos más de cien ¿exactamente cuántos? No lo sé: aunque llenos de esplendor, los listados de asistentes se hacen tediosos con los años, y algunos de los miembros más modernos son demasiado inestables, mientras que a otros nadie los ha visto, y de ellos no conocemos más que el nombre, que nos suena en muchos casos algo exótico.

No hay sorpresa en cambio con los nombres de los caballeros más antiguos. Cuando hay reunión, y se pasa lista, todos nos levantamos y disfrutamos oyendo y haciendo oir esas sonoras y vibrantes señas de identidad. Los caballeros se incorporan al llegar su turno, las pulidas armaduras brillan a la luz de las antorchas, sus nobles voces se alzan: Sir Osmio, Sir Iridio, Sir Platino, Sir Oro, Sir Mercurio, Sir Talio, Ser Plomo, Sir Bismuto...

Terminada la lista, todos los que hemos acudido al consejo levantamos nuestras copas y brindamos por la memoria de la poderosa figura que dio a nuestra Orden las principales normas que ahora la conforman: ¡Salve, Mendeleiev, a ti te honramos todos los caballeros de la Tabla Periódica!

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escrito por Ignacio Egea @ 9:03 p. m.  
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