Hombrecillos verdes
Una visita en clave de humor a las imágenes clásicas de la ciencia ficción.
martes, mayo 02, 2006
El dado del espacio exterior.
En otros tiempos solía dejarme caer por la taberna galáctica de mi vieja ciudad dormitorio de Dantooine. Entre los parroquianos habituales había un alien muy viejecito, pequeñito y arrugado, que siempre con una moribunda colilla de "Celtas" en su sifón respiratorio y una copa de "Soberano" en el tentáculo presor se pasaba allí todas las tardes, dale que te dale, con un cubilete de dados en la mano, tirándolos sobre la barra, una vez tras otra, sin cansarse.

-"Mirra, terrícola, "- me dijo una vez con su voz aguardentosa por el coñac y el nitrógeno, que le sentaba fatal a las redecillas respiratorias - "aunque parreze un simple cubilete de dados, no lo es. En mi lugarr de orrigen nos guztan los arrtefactos de azpecto trradizional; aunque somos unos perrfeczionistas que intentamos que las cosas cumplan su cometido sin ningún fallo imaginable. Aunque aparrentemente son unos simples cubos, o hexaedrros, de poliurretano,
como unos dados vulgarres, realmente cumplen su misma función, crear serries de númerros aleatorrios, perro de una forrma perrfecta, cuántica. Unos dados norrmales, o cualquierr otro medio primitivo de generrar azar, está sujeto a imperrfecziones; un observador inteligente puede aprovechar este sesgo parra hazer trampas..."

Recuerdo que me dio bien la lata aquella tarde, contándome con la pesadez propia de los ancianos borrachos solitarios, cómo, supuestamente, aquellos aparatos cúbicos estaban sintonizados a no se qué cosa del espín del nosecuantos, de forma que desde cualquier parte del universo, aquellos dados recibían datos totalmente aleatorios emitidos por un átomo celosamente custodiado a prueba de toda trampa e intervención en la gigantesca cámara acorazada del sotano del Organismo Galáctico de Apuestas y Loterías del Estado, en su planeta natal de Kokolinokounty.

-"Mirra, lo arrojo y sale un seis. Pues ningún poder en el Universo podía preverr que ese seis fuera a salir, ni ningún poderr computazional conzebible podrá nunca hazer un estudio estadístico de todas estas tiradas de dados sin que le salga jamás nada que no sea ruido, ruido de fondo. Me fue muy útil cuando erra jugador, una afizión que ya no practico, y que parra los de mi pueblo es una auténtica religión, con una ética obsesiva. Ay, por eso estoy aquí, fui desterrado de por vida porrque me pillarron haziendo trampas en una partida cerremonial de brisca, a durro el punto, con el Emperrador, el Sumo Sazerrdote y el Dirrectorr Galáctico del INEM."

-"Bueno, pues si ya no juegas" -le dije yo, mientras apuraba mi copita de Dyc 5 años, a la que él amablemente me había invitado, que si no, anda que iba yo a aguantar aquellos coñazos de que si un átomo emite dos fotones, uno con no se qué estado, o espina, o qué se yo, el otro con justo el contrario; venga a escucharle batallitas cuánticas, y a hacerle preguntitas de compromiso. (Mientras le seguía el juego, le sisaba dismuladamente las colillas de "Celtas" para reciclarlas en la soledad de mi cuartucho. Eran tiempos difíciles.) - "¿Por qué estás todo el día ahí liado, dale que te dale, tirando los dados? Vamos, que a mí no me molesta, pero... "

-"Fíjate bien, "- me contestó él -" el átomo maestrro emite parres de parrtículas. Estos dados están sintonizados a una de ellas, y en otro lugarr del Univerrzo otro juego de dados capta la partícula complementarria. Si este dado, al azar, saca un seis, allí el otro dado sacarrá un uno. Si este un cuatro, el otro un tres. El resultado final siemprre serrá siete. El dado complementarrio está en poder de mi amado y padre de mis hijos..." -(se me ha olvidado decir que aquel viejo era, además hermafrodita)- "...al que nunca volverré a ver, y con el que me han negado todo medio de comunicación. Hace ciento ocho de vuestrros años que estoy aquí varrado, y sin ninguna notizia de ellos..."

-"Ah, ya entiendo," -dije- "los dados son un medio de comunicación clandestino. Sabes que un seis aquí es un uno allí, un dos un cinco, etcétera, y con eso se puede establecer algún tipo de código."

-"¿Un código de qué? ¿Del ruido de fondo? Yo no puedo obligar al dado a caer como yo quierra. Todo lo que puedo obtener de él es una larrgaa serrie de números aleatorios, que, en esencia, serrá la misma que él obtendría. Perro eso no significa nada, y si no tiene significado, no lo puedes codificar"

-"Coño, ¿como que no puedes obligar al dado como tú quieras? "- grité yo, envalentonado por el Dyc. Y quitándole el dado del tentáculo presor, lo coloqué sobre el mostrador con la cara del uno hacia arriba.- "Mira, un uno. Tu novio ve el seis en algún lugar lejano perdido en la inmensidad del Cosmos, como Andrómeda o Zizur Menor, lo apunta y lo interpreta. Y punto."

-"Ay, que no, que no, que no haz comprrendido. Si pones el dado como te salga de los huevos, no estás captando las partículas del átomo maestro. Es como si apagarras la radio para ponerrte a cantar. Lo que cantes no lo van a oir en una radio sintonizada a la misma emisorra que has apagado. Este aparrato sólo recibe, no puede emitir de ninguna manerra. Puedo tenerr una idea de lo que pasa en el átomo maestro con él, por ejemplo, si han dejado de excitarrlo parra que emita, perro nada del otro dado. Y parra qué quierro saber nada de la mierrda del átomo maestrro en su cámarra acorazada, que le den por los nucleones. Yo echo de menos a mi familia. Mi cuarto co-hijo derecho pronto tendrrá edad parra su circuncisión del tentáculo gonádico masculino-medio. Mi pre-hijo más pequeño estarrá a punto de hacerr la Primerra Comunión
con su trajecito de astronauta..." -Unos gruesos lagrimones asomaron por entre los párpados laterales de su gran ojo facetado.

-"Bueno, -dije yo- ¿entonces por qué estás todo el día con el dado, si no te sirve para nada?"

-"Verrás, cuando tirro el dado y me sale por ejemplo un seis, me imagino a mi parreja, allá, tan lejos, viendo como le sale un uno. Y me imagino que esta larga sucesión de unos, cincos, seises, sin sentido, es un paisaje, o un cielo estrellado, y aquí, a cinco millones de años luz de mi casa, al menos veo las mismas cosas que él ve, el mismo paisaje, las mismas estrellas, aunque puedo hacer menos por alterar su disposición que si fueran las estrellas de verdad. Te parecerá una tontería, pero cuando no te queda nada, absolutamente nada, por lo que vivir, te puedes conformar con muy poco. El ruido de fondo te suena dulce como una nana que te canta una madre, como los susurros de un amante."

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escrito por Ignacio Egea @ 7:03 p. m.  
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