Hombrecillos verdes
Una visita en clave de humor a las imágenes clásicas de la ciencia ficción.
lunes, mayo 08, 2006
El jinete del Dragón.

Vivimos entre estos farallones de roca infranqueable. El mito dice que son las escamas del lomo de un dragón gigantesco que vuela por el espacio y por el tiempo, y que las rocas nos abrigan del frío del vacío y de su hálito ardiente.

Grande es el dragón, y una vida tarda en recorrerse nuestro valle, pero me parecía un horizonte estrecho: un jinete del dragón debe sentir el viento en la cara y ver a dónde va.

El viento del otoño depositaba blancas escamas, ligeras e irrompibles. Con ellas armé una cometa, montado en ella sobrepasé las cimas de los acantilados, y vi más montes sobre ellos, y sobre ellos otros más. El aire se volvió fétido y caliente: las escamas de la cometa eran ignífugas, no mi piel. Dolorido, aterrado, me juré besar la tierra si descendía vivo.

Y descendí, después de haber mirado sobre todas las montañas, pero no me incliné a besar cuando pisé el suelo. Mis compañeros me preguntaron:

-¿Saliste del valle?

-Sí, lo vi todo.

-¿Existe el dragón, y cabalgamos su lomo?

-Lo primero es verdad, no lo segundo.

-¿Dónde vivimos, pues?

-No sé, es demasiado grande.

Mentí, e incumplí mi promesa de besar el suelo. Mi dignidad había sufrido un duro golpe con la revelación, pero ni por esas, iba a besar al dragón justamente
*ahí*.

P.D. Las blancas escamas de la cometa eran caspa.

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escrito por Ignacio Egea @ 2:50 a. m.  
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